“Solo puedo controlar aquello de lo que soy consciente. Y aquello de lo que no soy consciente me controla a mí”.
John Whitmore

La única forma de controlar nuestras propias emociones es identificar qué las provoca.  Y para ello cuando algo nos “perturba”, tenemos que observar nuestros pensamientos y hacernos preguntas del tipo:  ¿me ayudan a relajarme o echan más leña al fuego?

Pero antes de realizar este ejercicio, aparentemente sencillo,  primero tienes que seguir estas 4 orientaciones de mejora personal:

1-    Conócete. ¿Cómo te enfocas? ¿Sabes relativizar o te pasas de absolutista utilizando términos como “siempre” o “nunca”? ¿Conoces que te enfada? Haz un listado, y … si es demasiado largo, ¡lo hablamos! 😉

2-    Identifica tus emociones y toma consciencia de cómo te afecta. Potencia tu Autoconsciencia.  ¿Cómo?: Escúchate y Obsérvate.  Toma conciencia del rumbo de tus pensamientos,  tus sensaciones corporales y si es preciso, retoma el control de tus sensaciones corporales practicando la respiración abdominal.

3-    Simplifica. Sino simplificamos podemos estallar fácilmente.  Nuestra percepción influye sobre los hechos, por eso podemos incluso hacer de un grano de arena, en un instante, una montaña de arena.  Por ejemplo, un compañero de trabajo nos dice algo que nos molesta y pensamos “nunca me respeta”o “siempre hace lo mismo”…. Estas afirmaciones incrementaran nuestra rabia y podemos detonar.  En vez de estos pensamientos podríamos repetirnos un “ya lo conozco, esto no debería de afectarme tanto” nos generaran sensación de control y nuestra ira estará a buen recaudo, pudiendo decidir cómo actuar, pero des de tu parte “racional”.

4- ¿¡Y si…. ya es tarde!?  Si estás muy enfadado/a, puedes interiorizar el cántico de Frozen:   “Let it go”, es decir  “Suéltalo” y déjalo ir,  si no lo consigues antes de perder el control, es mejor que abandones la escena y tomes distancia, sin remordimientos, piensa que si es preciso, ya lo retomaras en otro momento.  Imagina que nos encontramos en una habitación y soltamos un pequeño globo lleno de helio sin anudar. El globo se desplazaría de un lado a otro de la habitación perdiendo el helio, y ¿Sabes cuándo es el mejor momento para cogerlo? Cuando está en REPOSO, vacío, sin aire y sin presiones. Utiliza esta visualización mental mientras practicas  la respiración consciente y recuperas tu equilibrio emocional.

Recuerda,  nadie puede “pulsar” el botón de tu ira. Tú tienes el control, de que y cómo te afecta tu entorno, por ello es tu decisión cómo interpretar y  reaccionar ante una situación que te enfada.

Y….sí, si controlas tu ira….  ¡serás más feliz!